2 de junio de 2010

ABSOLUTO Y OBSOLETO

Por: Dr. Gaspar Vallecillo

“El gobernante, al hablar
de más, pone en riesgo
el Estado de derecho que
lo tiene precisamente en
esa posición”.

Porfirio Lobo lleva apenas cuatro meses intentando gobernar esta Honduras que le fue confiada para superar la crisis provocada por su protegido amigo y prófugo de la justicia Manuel Zelaya. Su obsesión ha sido buscar reconocimiento para rebuscarse fondos externos y con ellos paliar no necesidades del pueblo sino el gasto corriente inescrupuloso de un país pobre con ínfulas de rico. Se ha propuesto además, desconocer en forma temeraria el esfuerzo que muchos hicieron para defender la democracia que intentó violentar Zelaya y secuaces.

Ese “imperio” presidencialista nos ha causado muchas heridas que Lobo está reviviendo. Si “fuese” pensante transformaría el querer en poder sin mentir en nombre de un cambio que no se ve en obras ni acciones cuando se desfigura la suprema potestad coactiva del Estado.

El absolutismo no limitado por las leyes que deben respetarse impone la superioridad del poder contra el pensamiento la inteligencia de quienes sentimos la indiferencia sobredimensionada del poder fáctico que “se ejerce al margen de las instituciones legales en virtud de la capacidad de presión o autoridad que se posee”. Cretinismo contra la razón y la lógica.

Eso hace Lobo al anunciar sin escrúpulos que irá a traer al sindicado en delitos contra la patria y que “nadie lo meterá preso”. Igual al manifestar “llámenle como quieran, pero para mí fue golpe de Estado”, poniendo en duda la legitimidad de su elección. Imprudente al insinuar una Constituyente y miente cuando dice que muchos empresarios se la piden. Las pendejadas se piensan, no se dicen. El gobernante al hablar de más pone en riesgo el Estado de derecho que lo tiene precisamente en esa posición. No puede ni debe expresarse en asuntos de Estado a título personal y menos insistir en temas que le son vedados por la misma ley que juró cumplir.

Inaceptable y delictivo decir que él como presidente irá a traer a la persona que más daño le ha hecho a Honduras y asegurarle libertad incondicional. Por eso el otro desbocado hace propuestas ilegales e idiotas como Correa abre la boca cumpliendo órdenes de Chávez, que no perdonará jamás que un pequeño país como Honduras haya tenido el coraje de mandarlo al carajo. Indigna que Lobo calle ante esa injerencia y que por complacer peticiones, hable sandeces en lugar de dignificar la presidencia que ostenta defendiendo nuestra soberana decisión de vivir en democracia como lo expresó en las urnas el pueblo que a mala hora lo hizo presidente.

No sabemos cuáles son los motivos de Lobo para actuar así en lugar de atender sin acrecentar los problemas internos que no dan tregua. Si eso es lo que hace trascender qué no hará a hurtadillas.

¿El presidente del Poder Legislativo y el de la Corte Suprema están de acuerdo con tanta metedura de extremidades? ¿Es esto el inicio del derrumbe del Estado de derecho? ¿Qué pasó con los defensores de nuestra democracia, dónde quedó el valor que se tuvo para detener la intentona de Chávez, Rodas, Zelaya y otros infelices que hoy se pavonean y aplauden a Lobo? Este peligroso juego contra nuestra estabilidad política parece fuera de “compadre hablado”. Ese comportamiento de Lobo tiene que estar sustentado en algo que aún no nos dice, pero no se necesita mucho para entender que esa actitud obsoleta es producto de su absoluta entrega, no a la patria que lo ascendió a su máxima magistratura, sino a intereses ajenos a nosotros.

Hablemos los que creemos en nuestra democracia para que callemos a los que la traicionan por absolutos y obsoletos.