23 de septiembre de 2010

Pepe Lobo… primer fraude del siglo XXI

Honduras, 22.09.10 - César Indiano


1,213,695 de electores habilitados para el sufragio se equivocaron de cabo a rabo aquel fatídico 29 de noviembre cuando decidieron marcar su voto para elegir al que hoy es, para asombro de todos, el presidente de Honduras.
Los 2.3 millones de ingenuos que nos abocamos a las urnas en unas elecciones bajo amenaza creímos que estábamos asistiendo a la contienda política más trascendental de la historia hondureña... Según nosotros, los crispados acontecimientos que dieron lugar al impostergable derrocamiento de Manuel Zelaya dejarían importantes lecciones a aquéllos que asumen jefaturas, cargos y puestos de dirección en las élites del estado. Según nosotros, el amargo derrocamiento sería la lección mejor aprendida de una clase política que está llegando –llevándose de remolque a los partidos tradicionales– a su colapso definitivo.
Persignándose frente a las cinco fotografías de la papeleta electoral, orando con los ojos cerrados frente a una ruleta sombría 1,213,695 de electores le dieron la mayoría absoluta al hombre que hoy protagoniza el primer fraude electoral del siglo XXI.
De espaldas a la realidad, jugando con fuego y echando a la basura lo poquito que quedaba de un país descuartizado por el desatino recurrente de gobernantes depravados, Pepe Lobo ha reactivado –con la complicidad de un gabinete sumiso y escolar– un soporífero estilo de gobierno que ya tiene a este desdichado pueblo con los nervios de punta.
Levantando las banderas de una “reconciliación política” basada en malos chistes, fríos apretones de manos y reuniones de traspatio, el iluso gobernante ha conseguido su primer milagro gubernamental: todos nos queremos quebrar la madre... ¡viva la reconciliación!... y es que viéndolo bien, ni la guerra ni la paz, son prioridades de estado si estamos de acuerdo en que el trabajo enfocado es lo único que posibilita la concordia ciudadana. El gobierno de turno, con sus actuaciones melindrosas y vacías, no únicamente les arrebata la misión a los religiosos, a los filántropos y a los esotéricos sino que deja sin tarea a las fundaciones de caridad y a las misiones humanitarias. Al actuar sin propósitos y al gobernar sin objetivos, los presidentes caen inevitablemente en un estado rotundo de holgazanería, derroche y cohecho. Viejas lacras que marcaron nuestro destino patrio y que nos llevaron inevitablemente a la debacle política, una y otra vez.
A siete meses de gobierno, hemos visto un gobernante relajado, chistosito, campechano y donoso. Un gobernante que fanfarronea con todos los temas pero que no habla con claridad sobre ninguno...
La mejor manera de tumbarse a la Bartola. Un gobernante sin ceremonia, sin impronta y sin seriedad... En fin, una persona completamente inadecuada para asumir las responsabilidades y para realizar las tareas urgentes de un país que se hace pedazos en nuestras manos. Un gobernante que presume de su pobreza y que con un ese aire municipal de mandamás encumbrado, cree que puede gobernar una nación mal herida con sólo rezongar “vayan a aguar el ganado” “enyúntenme los bueyes”... “denle sal a las vacas”... “échenle mazorcas a los cerdos”... “quítenme las espuelas”...
Cuan equivocados estaban los 1.213,695 de votantes cuando creyeron que el gamonal Pepe Lobo, oriundo de La Empalizada, estaba listo para abandonar su rancho y hacerse cargo de un país eternamente gobernado por caraduras, amantes y nigromantes.

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