22 de septiembre de 2010

¿Gobierno de Reconciliación?

Por Eloy Page

El restablecimiento de la concordia entre partes enemistadas. Así define el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la palabra Reconciliación, sin embargo, no existen directrices, tampoco teoremas matemáticos, que aplicados con fidelidad, lleven a cualquier conflicto entre partes a una reconciliación feliz.

Muchos articulistas, editorialistas y escritores en general, han escrito acerca de las experiencias de tal o cual caso especifico, sin embargo es de aceptar, que cada caso de partes en pugna, tiene sus propias particularidades que hacen de la pugna, un caso especial y por qué no decirlo, un caso único. A pesar de esto, existen conceptos que si bien es cierto no son del todo específicos, son variables que no pueden estar ausentes de toda formula de reconciliación. Cualquier esfuerzo en este sentido, si no tiene presente la sinceridad y la transparencia de las partes, por muy necesaria que sea la reconciliación, el esfuerzo será vano y no conseguirá el objetivo.

En el caso específico de Honduras, al igual que en cualquier otro caso, existen dos partes en pugna, estos son los que defienden el pacto social vigente y los zelayistas en resistencia. Los primeros mantienen su lucha por mantener su pacto social y Constitución, mientras los otros alegan que el pacto social está hecho para unos pocos, que existe mucha injusticia social y que por tal razón, la Constitución debe ser objeto de una renovación total bajo esquemas diametralmente diferentes a los que se plasman en la actual, al extremo que proponen una refundación del estado como tal, lo cual debe entenderse que donde existió un país llamado Honduras, se fundará otro, con un nombre ampliado seguramente y con un pacto social completamente diferente.

Sin embargo como expresé al principio, todo esfuerzo por reconciliación tiene aspectos singulares de cada conflicto, pero si no existen la sinceridad y la transparencia, esa reconciliación es prácticamente imposible. Cabe mencionar a este momento, que de las dos partes en pugna, ambas aducen que sus manifestaciones son pacificas, sin embargo en la práctica, las manifestaciones pacificas de los zelayistas en resistencia, se convierten en verdaderas orgias de violencia, provocando a su paso cualquier tipo de destrucción con el cual pretenden manifestar su descontento con el orden institucional actual, aún a costa de perjudicar a comerciantes y población civil, ajenas al conflicto.

El gobierno que preside Porfirio Lobo, a pesar que su tema de campaña y slogan publicitario de gobierno fue la "Reconciliación Nacional", ha hecho pocos esfuerzos o ninguno, por lograr la reconciliación que prometió al pueblo hondureño en su campaña. De hecho, el gobierno del presidente Lobo, carece en sí mismo de sinceridad y transparencia en sus acciones. Nadie sabía el rumbo que llevaba su gobierno y todavía no lo sabe ciertamente, hasta que se han ido descubriendo algunas de sus actividades secretas con la izquierda regional, con el fin de favorecer a una de las partes en pugna, que es el caso especifico de los zelayistas en resistencia.

En todo proceso de reconciliación, existe mucho dolor porque de per se, hay puntos en que se tiene que ceder por ambas partes a fin de encontrar el bien común, pero para esto tiene que haber también voluntad de ambas partes. Si el proceso es utilizado para imponer a una de las partes, las condiciones de la otra, ese proceso nace con el destino de perecer así como nació, tal cual fue el caso del primer intento de reconciliación en San José.

En Honduras existen muchos puntos de convergencia que podrían llevar a una reconciliación de las partes, pero no ha existido la sinceridad ni mucho menos la voluntad de los resistentes. Por un lado se argumenta que la corrupción es galopante, ambas partes estarían de acuerdo en unirse y ponerle coto a la corrupción. Por otro lado, también se argumenta que existen en Honduras muchas injusticias sociales que tienen que ser enmendadas, con lo cual también ambas partes estarían de acuerdo en unirse y emprender acciones para lograrlo. Así como estos, podríamos enumerar muchos argumentos en los cuales las partes podrían fácilmente ponerse de común acuerdo, sin embargo, si bien es cierto estos argumentos son válidos, no existe sinceridad en la parte violenta del conflicto, al no querer expresar abiertamente que lo que pretende es implantar un gobierno totalitario de ultraizquierda y mientras la sinceridad y la transparencia no se hagan presentes, no habrá posibilidades de reconciliación.

Los camisas blancas saben, que los favores políticos que reciben los zelayistas en resistencia, se tendrán que pagar en algún momento, que pueden ser a mediano o largo plazo es cierto, pero que se pagan se pagan y lastimosamente las luchas sociales emprendidas por ellos, no son sinceras o al menos no van solas de por sí, llevan a la par el compromiso de pagar por los favores políticos a las izquierdas más totalitarias del continente, Cuba y Venezuela con lo cual, la otra parte en pugna declara, NO NEGOCIABLE.

No será beneficiando a la parte violenta del conflicto, que el gobierno del presidente Lobo, logrará la reconciliación nacional, sino buscando puntos de confluencia entre ambas partes, pero sobre todo, cuando la sinceridad y transparencia de las intenciones de las partes esté presente. Mientras eso no suceda, la única reconciliación posible tendrá que darse obligatoriamente alrededor del respeto a la Constitución vigente y a las leyes del país, la cuales fueron dictadas para que TODOS los hondureños las cumplan, incluyendo al presidente y cualquier sector en disidencia.

San Pedro Sula, Septiembre 20, 2010.

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